Modos de extraviarse.

Primer premio adquisición 2018, Fundación Alfonso y Luz Castillo. Arte x Arte.

Querida Natacha:

“Querida Natacha“ surge a partir de una necesidad. Es el diálogo interno entre una misma

persona. Estos diálogos se dan entre el 2009/2010 hasta la actualidad, mediante cartas fechadas

y fotografías que se corresponden, donde se manifiestan conflictos existenciales y la intimidad

de Natacha. Muestra el proceso creativo, el lado oculto y la trastienda intima, quizá vergonzosa,

de un diario instalativo.

Fotografías, cartas, dibujos y objetos, creados y recolectados sin saber que algún día serían

parte de una obra, de mi búsqueda como artista. Mis cuestionamientos son relatos enmarcados

en recuerdos, experiencias y vínculos privados.

ESQUELETO Cuerpogramas

El esqueleto es una estructura, el soporte de algo.

El cuerpo es materia, forma y volúmen, lo que recubre esa estructura.

Según las Ciencias Naturales, ésta unidad entre esqueleto y cuerpo se da tanto en los seres humanos, como en animales y plantas; pero considerando cuerpo a toda materia que ocupa un lugar en el espacio, los objetos también se corresponderán con éstos conceptos.

Entre esqueleto y cuerpo hay una distancia, un medio, un relleno, otras partes que son parte, otra forma, otro volúmen, y quizás otra estructura, todo dependerá de la perspectiva con que se observe.

"Esqueleto" busca imprimir en tamaño real las formas de los cuerpos de la naturaleza, exponiendo sus particularidades, mediante imágenes construidas manualmente, utilizando como medio la técnica conocida como Fotograma y/o Dibujos Fotogénicos. la imagen fotográfica se obtiene sin cámara fotográfica a través de la colocación de objetos sobre una superficie fotosensible, en éste caso papel fotográfico, expuestos a la luz directa y revelados en un cuarto oscuro para la obtención final de la imagen.

Las Partes.

Bazofia estenopeica.

Yo robot.

Sobre la esencia del robot.
Proyecto en curso.

Paseos imaginados

Autorretratos de otra época

Tubo de ensayo.



Mi fantasía es que la tierra termine con todos y recién después conmigo. Ser la última. La única por un
momento. Inhalarme el fin de los tiempos. Luego, la noche de las noches, la negra y eterna. Una fantasía
que abusa de la megalomanía, pero también de un ansia de contacto desencajado con lo humano, animal,
vegetal y mineral. Fue ésta una imagen flamante que me asaltó en la madrugada, nueva como un fruto
verde y un poco artificial, azarosa como un serpenteo neuronal. Una fantasía de tubo de ensayo.
En otro momento de mi vida, volcada a ser afectada por la idea de permanencia, hubiese desistido de
intentar cruzar los datos de la espuma que mi mente agitó esta noche. Por repentinos, biológicos, mutan-
tes, desencadenados, no controlados, por accidentales. Pero hoy lo embrionado, nacido, criado, estacio-
nado y petrificado no me sirve. No en el mundo de las ideas. Por eso les regalo mis tótems, mis reliquias y
los cofres con los miedos que me instaron a adoptarlos. Hagan un fuego, degüellen un niño, una cabra, un
ternero, el ser vivo que quieran. Ofrézcanlo en su altar en favor de sus ideas, imaginen que son buenas,
que no las quieren cambiar. Inyéctenlas de sustancias para embalsamar. Prueben con resinas.
Porque es enfermo amar a una idea con más intensidad y por más tiempo que a tu perro que con suerte
va a vivir catorce años, o a tu amigo, una planta o una piedra, o lo que sea que te enseña a amar. Porque
con lo pensado suma hacer un apocalipsis cotidiano, colocarlo en una pira, inflamarlo, quemarlo y ver
como se hace polvo. Y cada noche repetir la ceremonia y hacer lo mismo. El rito del eterno despojo. Las
ideas emancipan. Destruirlas también. Que la guerra santa sea pensar contra uno mismo.
Por eso mi fantasía es perfecta, sin linaje ni capacidad de supervivencia.
Silvina Giaganti

Cuerpo vibrátil.

Economía de guerra.

Plastic light.

 

 

Saber mirar una imagen sería, en cierto modo, volverse capaz de discernir el 
lugar donde arde, el lugar donde su eventual belleza reserva un sitio a una
 “señal secreta”, una crisis no apaciguada, un síntoma. El lugar donde la ceniza
 no se ha enfriado

Didi -Huberman

 

Las imágenes de Natacha Ebers laten. Como un movimiento del cuerpo investido de significado, de expresión, de gesto, nos hacen atravesar un nuevo campo de experiencia sensible.

Sus imágenes proponen un recorrido por los bordes difusos de realidades que escapan a nuestra mirada. Corre un velo, disipa una niebla, deja una marca. La marca es una sensación potente, el destello fugaz de una imagen que habita y devela un instante de verdad. Natacha Ebers no juzga, no mide, ni da testimonio. Está ahí, frágil y fuerte, como sus imágenes, frente a seres que son y se hacen a sí mismos, que se desdoblan, se reinventan, que desafian y se nombran reyes de su reino.

No hay lugar para la belleza formal en sus imágenes, nada que tranquilice, hay belleza cruda y pura sin ornamentos que sacude e impacta profundamente el aletargamiento de nuestras miradas. Despierta y alerta, captura ese instante donde los cuerpos dejan ver su luz, y el misterio que reside en las sombras que a todos habitan.

Sus imágenes inquietan, arden, son fuego y síntoma, un destello y una pausa. La señal secreta de un baile capturado en un negativo.

Son fuego, fuego congelado.

 

Valeria Bellusci ^ Vera Somlo

 

El tiempo en la luz.

El tiempo en la luz.

 

Para poder apreciar las obras de Natacha Ebers es necesario aprender a mirar de cerca para luego sorprenderse con cada uno de los rostros y lugares que aparecen alrededor y encontrarse con imágenes íntimas y muy personales que llevan a entender que lo que ella busca es introducirnos en su mundo, un mundo atravesado por amigos, afectos, amores, conocidos y no tan conocidos que ella vuelca en sus fotografías, quizás de manera inconsciente, ya que insiste en que lo que la lleva a querer retratar a alguien es la atracción que se genera en el momento del primer encuentro con esa persona, ya sea por medio de un gesto, una expresión o un rasgo en su aspecto físico.

Es entonces cuando el deseo por capturar lo que siente en ese instante la lleva a interactuar y a crear un vínculo profundo entre el sujeto y la cámara, entre la fotógrafa y su modelo, que nunca toma una posición pasiva sino que es invitado y alentado a intervenir en su propio retrato.

Esos infinitos y enigmáticos instantes que ella logra encapsular en sus pequeñas cajitas/cámaras dan como resultado un mundo de personajes insólitos, diversos y maravillosos que de alguna forma son también el reflejo de ella misma.

 

Melisa Boratyn